
Los términos soledad y crisis me han estado persiguiendo toda la semana aunque de momento no los sufra o padezca.
Hablando a principios de semana con Ese sobre cómo estamos solos en el mundo yo le intentaba convencer de que eso no es así, que siempre hay alguien.
Después, terminé "Sputnik, mi amor" en el que la soledad compartida o no, es un planeta más sobre el que giran sus personajes, es un libro que aunque al principio no me atrapó luego ha dejado huella en mí.
El jueves tuve el placer de asistir al recital de una bella poetisa en el que el desamor y la soledad estuvieron presentes entre las mil rosas que allí había. Un animal herido que se mostró sangrante, hermoso y genial...¿Por qué somos más creativos cuando la soledad, el desamor y al crisis entra en nuestras vidas sin llamar? ¿La felicidad no es creativa? Tal vez.
La semana acabó ayer con "Donnie Darko", excelente y extraña película en la que una vez más descubrimos que morimos solos, "Live together, die alone".
Pero el descubrimiento de la semana que quizás resuma todo lo hallé en los cajones de mi antigua casa. Un escrito sin calidad, un vómito aliviador que ni recuerdo cuando lo escribí pero que se lo quiero dedicar a Ese, porque una temporada me sentí así:
Al final siempre estás solo.
Estás ahí, tú, con tu peor demonio.
Acabas rodeado de ese mundo
que te prometieron y no llega.
Piensas en tus amigos, en tu familia,
en la gente a la que has amado
y todo hace eco en tí.
La mierda que adorna tu vida
hoy no te llena.
No sabes qué hacer y cierras los ojos.
Tal vez mañana...