30 septiembre 2005

A los que aman

Hace diez años una noche de agosto mi amigo Chris Stevens me susurró:

"Todos llevamos tanto dolor escondido en nuestros corazones... Amor, dolor y belleza, parece que van juntos, como un pequeño, bonito y confuso lote. La vida es un asunto complicado, Es...difícil de entender, llena de sorpresas, algunas buenas y otras malas".

El amor es como el juego de la ruleta rusa, coges la pistola y sabes que hay una bala mortal. A pesar de eso arriesgas, porque la promesa del premio es la esperanza que te queda... Una vez oí que sin riesgo no hay gloria y lo bonito de vivir es que nunca sabes relamente qué te va a pasar. Puedes creer que tienes toda bajo control y de repente te encuentras con la bala en tu cabeza...

Seguid jugando, merece la pena.

3 comentarios:

Borsallino dijo...

Estimada miss, puede que el amor sea más bien como una de esas drogas adictivas y maravillosas que te pueden llevar al espacio o al más profundo de los infiernos, o como un viaje en esos veleros que pueden transportarte a un paraíso del Pacífico Sur o a los abismos del mar. En todo caso, ¿a quién le importa cómo termine la historia mientras dure?

Anónimo dijo...

La verdad que seguir jugando merece la pena, estoy deacuerdo contigo, aunque a veces el que ama tenga que sufrir. Primero disfrutó de ese sentimiento, y con eso es con lo que se debe quedar uno, aunque es fácil decirlo, sobre todo si amas o has amado con todos tus sentidos, y tu sentimiento ha sido tan profundo, que la emoción te ha embriado, de tal manera que has vivido para la persona amada.
Pero la experiencia vale la pena, y nunca se olvida, aunque pasen loas años, el recuerdo es efímero y puro, cómo cuando uno es un niño.
Lágrimas te da el amar, de alegria y de tristeza, pero cada una de las que se deslizan por tu cara, son un tesoro que nadie te arranca.
El que ama se siente como un delfin cuando le dejan libre en mar abierto.

Miss Underground dijo...

Tal vez lo que hay que hacer con cada lágrima que uno derrama por desamor es meterlas en un frasco, cerrarlo y gurdarlo muy bien. Cada vez que sientas ganas de sentirte horriblemente mal o si simplemente tienes la necesidad de nadar en un mar de lágrimas abres el frasco y aspiras el aroma amargo de los recuerdos. Este proceso tiene que durar muy poco y no se debe de repetir en el tiempo, ya que corres el peligro de que la tristeza te empape los huesos.